La República Argentina
es un país del Nuevo Mundo que ha desarrollado ampliamente
su industria vitícola. Su ubicación geográfica
al extremo Sur del continente americano le permite presentar
una gran diversidad de climas, relieves y suelos. En los cuatro
puntos cardinales encontramos bellezas inigualables, diferentes
entre sí, dándole al país una riqueza
extraordinaria.
Las mejores zonas para el cultivo de la vid se encuentran
en el Oeste, al pie de la cordillera de los Andes, donde
la vitivinicultura se ve favorecida por el clima semidesértico,
con estación invernal seca y veranos cálidos
que proporcionan temperaturas adecuadas y una gran heliofanía
(cantidad de horas de sol recibida por la planta) en todo
el año. En consecuencia, estas zonas cuentan con
las condiciones óptimas para que la vid pueda completar
perfectamente su ciclo vegetativo y obtener frutos de calidad
y vinos que se distingan en todo el mundo.
Variedades
En el encepado argentino pueden diferenciarse dos tipos
de cepajes: Cepajes Criollos y Europeos
Cepajes Criollos
Son conocidos en Sudamérica desde el comienzo de
la vitivinicultura, con gran diversidad de formas y tipos.
Su reproducción se realizó a través
de las semillas, adquiriendo carácteres propios sin
relación con cepajes europeos. Éstos son cepajes
vigorosos, de producción abundante y son destinados
normalmente para vinos de calidad inferior, mosto concentrado
o consumo en fresco.
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Cepajes Europeos
Llegaron con los conquistadores, a través del Cuzco
entraron a Chile; y de allí a la Argentina por la
Quebrada de Humahuaca hasta Santiago del Estero.
Fueron ejemplares de “Vitis vinífera”
que, favorecidos por las óptimas condiciones del
clima y del suelo, encontraron en la Argentina, especialmente
en las provincias de Mendoza y de San Juan, las condiciones
más convenientes para su desarrollo
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